AYER LEÍAMOS QUE Teresa desde su infancia era tan aficionada a la lectura, que si no tenía libro nuevo, no le parecía tener contento.
Leía a solas, con su madre o con su hermano Rodrigo. Con éste comentaba sus impresiones. Se identificaba de tal manera con lo leído, que quería experimentarlo. Es lo que le ocurrió leyendo vidas de santos. Supo que con el martirio se iban directamente al cielo, y ,ni corta ni perezosa, salió de casa con él, para irse a tierra de moros , a buscar que los descabezasen, y ganar así el cielo para siempre.
En la adolescencia, cambia de libros. Ahora empieza a leer libros de caballerías. Eran una especie de novelas, relatos fantásticos de armas y amoríos. Eran los preferidos de su madre, para distraerse de sus ocupaciones y enfermedades. Se convirtió en una insaciable lectora, día y noche,
Sí, el impacto de lo leído empapa sus sentimientos y va formando en ella una mentalidad de inconformista , de heroína, de santa.
En plena juventud, caen en sus manos tres libros, que le van impactar fuertemente. Las Cartas de San Jerónimo, los Morales de san Gregorio Papa y, finalmente, las Confesiones de San Agustín. Los cita expresamente: “Dióme la vida haber quedado ya amiga de buenos libros.Leía en las Epístolas de San Jerónimo, que me animaban de suerte que me determiné a decírselo a mi padre”.
Si no hubiese aprendido a leer de corrida y con entonación, no le hubiera pedido tu tío Don Pedro, aquella tarde, en su casa de Ortigosa, que le leyese.Tenía buenos libros en romance .
Los libros influyeron definitivamente en su vida. Eran sus amigos y confidentes. Sobre todo, San Agustín. En tiempos de desolación,”me dieron, escribe-, las Confesiones de San Agustín, que parece el Señor lo ordenó, porque yo no las procuré ni nunca las había visto. Como comencé a leer las “confesiones”, paréceme me veía yo allí”-.
Amigos del BLOG, pido para mí y para vosotros que nos apasione la lectura de los libros escritos por Santa Teresa, Nos hará mucho bien. Sabeis lo que le ocurrió a Edith Stein, alemana, judía, profesora de Universidad? Encontró, en la biblioteca de una familia amiga, por casualidad, el Libro de la Vida, escrito por Santa Teresa, lo empezó a leer y no lo dejó hasta culminar su última página. Su reacción, como filósofa, fue :”Aquí está la verdad”.
Cada día, con vuestro beneplácito, os iré transcribiendo párrafos sucesivos de sus Libros. Adios. Vuestro Capellán.
viernes, 30 de octubre de 2009
jueves, 29 de octubre de 2009
TERESA, EMBEBIDA EN LOS LIBROS
TERESA DE AHUMADA, EMBEBIDA EN LA LECTURA
Santa Teresa escribió en el número 1 del capítulo 2 de Libro de la Vida que su madre la enseñó a leer libros de caballería . Anotamos esta excelencia, en tiempos en que casi nadie sabía leer ni escribir. La niña Teresa, a las faldas de su madre, leía y leía, hasta quedar enganchada a la lectura. Lo dice ella misma en este párrafo:
“Porque, con ser mi madre tan virtuosa, como he dicho, de lo bueno no tomé tanto, en llegando a uso de razón, ni casi nada, y lo malo me dañó mucho. Era aficionada a libros de caballerías y no tan mal tomaba este pasatiempo como yo le tomé para mí, porque no perdía su labor, sino desenvolvíamonos para leer en ellos, y por ventura lo hacía para no pensar en grandes trabajos que tenía, y ocupar sus hijos, que no anduviesen en otras cosas perdidos. De esto le pesaba tanto a mi padre, que se había de tener aviso a que no lo viese. Yo comencé a quedarme en costumbre de leerlos; y aquella pequeña falta que en ella vi, me comenzó a enfriar los deseos y comenzar a faltar en lo demás; y parecíame no era malo, con gastar muchas horas del día y de la noche en tan vano ejercicio, aunque escondida de mi padre. Era tan en extremo lo que en esto me embebía que, si no tenía libro nuevo, no me parece tenía contento”.
No es nada nuevo que nuestra Santa se culpe de dedicar muchas horas de día y de noche a leer libros de caballería. Y, con el agravante, de tener que hacerlo al escondite, para que su padre no la viera con tales libros en la mano. A la vez, disculpa a su madre de que ella leyera libros de caballería, para distraerse de los muchos trabajos y preocupaciones que la acosaban, y de que a los hijos, y a ella en particular, les aconsejara su lectura para que, mientras leían, no estuvieran en otros sitios peligrosos para su salud o para su virtud.
Tenemos que irnos acostumbrando a leer cómo Santa Teresa se ve a sí misma, por cualquier motivo, como una pecadora . Y sobre todo, desde que descubrió las misericordias que Dios tenía con ella, culparse por haberle hurtado a su Amigo el tiempo que podía haberle dedicado a amarle más, sumida en la oración, en la contemplación o en el ejercicio de la caridad.
Nó, Madre Teresa, no tienes razón al considerar una falta tu adición a la lectura. O tildarlo de “vano” ejercicio. Tu misma lo reconoces cuando dices “ paréciame no era malo” dedicarle horas y horas, hasta quedarte en costumbre y quedar “tan embebida , que, si no tenía libro nuevo, no me parece tenía contento”.
A lo largo de sus libros, tendremos oportunidad de ver la influencia positiva que ejercicio la lectura de otros libros, para su crecimiento personal, tanto bajo el punto de vista humano como espiritual.
Santa Teresa escribió en el número 1 del capítulo 2 de Libro de la Vida que su madre la enseñó a leer libros de caballería . Anotamos esta excelencia, en tiempos en que casi nadie sabía leer ni escribir. La niña Teresa, a las faldas de su madre, leía y leía, hasta quedar enganchada a la lectura. Lo dice ella misma en este párrafo:
“Porque, con ser mi madre tan virtuosa, como he dicho, de lo bueno no tomé tanto, en llegando a uso de razón, ni casi nada, y lo malo me dañó mucho. Era aficionada a libros de caballerías y no tan mal tomaba este pasatiempo como yo le tomé para mí, porque no perdía su labor, sino desenvolvíamonos para leer en ellos, y por ventura lo hacía para no pensar en grandes trabajos que tenía, y ocupar sus hijos, que no anduviesen en otras cosas perdidos. De esto le pesaba tanto a mi padre, que se había de tener aviso a que no lo viese. Yo comencé a quedarme en costumbre de leerlos; y aquella pequeña falta que en ella vi, me comenzó a enfriar los deseos y comenzar a faltar en lo demás; y parecíame no era malo, con gastar muchas horas del día y de la noche en tan vano ejercicio, aunque escondida de mi padre. Era tan en extremo lo que en esto me embebía que, si no tenía libro nuevo, no me parece tenía contento”.
No es nada nuevo que nuestra Santa se culpe de dedicar muchas horas de día y de noche a leer libros de caballería. Y, con el agravante, de tener que hacerlo al escondite, para que su padre no la viera con tales libros en la mano. A la vez, disculpa a su madre de que ella leyera libros de caballería, para distraerse de los muchos trabajos y preocupaciones que la acosaban, y de que a los hijos, y a ella en particular, les aconsejara su lectura para que, mientras leían, no estuvieran en otros sitios peligrosos para su salud o para su virtud.
Tenemos que irnos acostumbrando a leer cómo Santa Teresa se ve a sí misma, por cualquier motivo, como una pecadora . Y sobre todo, desde que descubrió las misericordias que Dios tenía con ella, culparse por haberle hurtado a su Amigo el tiempo que podía haberle dedicado a amarle más, sumida en la oración, en la contemplación o en el ejercicio de la caridad.
Nó, Madre Teresa, no tienes razón al considerar una falta tu adición a la lectura. O tildarlo de “vano” ejercicio. Tu misma lo reconoces cuando dices “ paréciame no era malo” dedicarle horas y horas, hasta quedarte en costumbre y quedar “tan embebida , que, si no tenía libro nuevo, no me parece tenía contento”.
A lo largo de sus libros, tendremos oportunidad de ver la influencia positiva que ejercicio la lectura de otros libros, para su crecimiento personal, tanto bajo el punto de vista humano como espiritual.
miércoles, 28 de octubre de 2009
TERESA, MIRANDO POR SU HONRA
Dejábamos ayer a la joven Teresa en malas compañias. La peor, una parienta suya. El nombre de “parienta” oculta la identidad de aquella mujer.Parece que alude a la familia de los Mexia, que vivían con el boato de los hidalgos, concretamente a su prima Inés, una de esas jóvenes, hija de madre que podía decir de ella “tiene buena habilidad, porque yo no la enseñé a labrar ni a hilar ni a amasar; mas la enseñe a hacer muy lindas pasticas de olores, de manera que el que la lleve, llevará con ella una mujer que sabrá adobar para su marido guantes y perfumar para sí las ropas”.
Teresa escucha a su parienta, pero no hace lo que le propone. Es como quien aprende las señales de tráfico, pero no prueba a infringirlas, por la cuenta que le tiene. Por eso, hizo bien Teresa al escucharla, porque aprendió lo que pasaba en otras familias de la sociedad de su tiempo.
Teresa ,a los cincuenta años, hace memoria de las vivencias de su juventud. Y “desde el punto radiante del mediodía de su vida, como desde una atalaya, dominando intuitivamente su fragilidad constitucional y delicada hechura de su ser, aparecían estos juegos como algo monstruoso”.
Teresa está a punto de deslizarse por una pendiente, que la llevaría a poner en peligro su honra. A perder la buena imagen y estimación de su entorno familiar y social.
Estamos tocando un punto crucial en la vida de nuestra Santa. A los puntos de honra dedica páginas enteras. Primero, como aquí, para no rendirse jamás a perder la honra. Ella y su imagen eran una sola cosa. Si le quitaban la honra, era como quitarle la vida. Razonando en frío, veía que en su casa se preciaban de guardar las formas de buena crianza, de una buena educación.
A Teresa le resulta excitante lo que le propone la parienta. La escucha embelesada, pero tiene la elegancia de poder decirle, a la cara, que ella no quería ser como esas. Tener que rendirse a perder la honra, la sobresalta. Eso, jamás. Calla. No quiere herir con un desplante a su parienta. Pero de pronto se arranca y le contesta: ¡que bien lo debéis pasar! Pero yo no quiero ser de esas. No me lo permite mi conciencia y honor. Supo decir que nó, a tiempo.
Esta es una experiencia , digna de ser imitada por los jóvenes: saber escuchar, saber discernir, y saber decir nó, a tiempo.
Os lo recomiendo. Adios. Vuestro Capellán
Teresa escucha a su parienta, pero no hace lo que le propone. Es como quien aprende las señales de tráfico, pero no prueba a infringirlas, por la cuenta que le tiene. Por eso, hizo bien Teresa al escucharla, porque aprendió lo que pasaba en otras familias de la sociedad de su tiempo.
Teresa ,a los cincuenta años, hace memoria de las vivencias de su juventud. Y “desde el punto radiante del mediodía de su vida, como desde una atalaya, dominando intuitivamente su fragilidad constitucional y delicada hechura de su ser, aparecían estos juegos como algo monstruoso”.
Teresa está a punto de deslizarse por una pendiente, que la llevaría a poner en peligro su honra. A perder la buena imagen y estimación de su entorno familiar y social.
Estamos tocando un punto crucial en la vida de nuestra Santa. A los puntos de honra dedica páginas enteras. Primero, como aquí, para no rendirse jamás a perder la honra. Ella y su imagen eran una sola cosa. Si le quitaban la honra, era como quitarle la vida. Razonando en frío, veía que en su casa se preciaban de guardar las formas de buena crianza, de una buena educación.
A Teresa le resulta excitante lo que le propone la parienta. La escucha embelesada, pero tiene la elegancia de poder decirle, a la cara, que ella no quería ser como esas. Tener que rendirse a perder la honra, la sobresalta. Eso, jamás. Calla. No quiere herir con un desplante a su parienta. Pero de pronto se arranca y le contesta: ¡que bien lo debéis pasar! Pero yo no quiero ser de esas. No me lo permite mi conciencia y honor. Supo decir que nó, a tiempo.
Esta es una experiencia , digna de ser imitada por los jóvenes: saber escuchar, saber discernir, y saber decir nó, a tiempo.
Os lo recomiendo. Adios. Vuestro Capellán
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