Mostrando entradas con la etiqueta Teresa Carmelita. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Teresa Carmelita. Mostrar todas las entradas

martes, 27 de abril de 2010

SANTA TERESA FUNDA EL CARMELO EN UN PAJAR


SANTA TERESA FUNDÓ LA ORDEN DEL CARMEN DESCALZO EN UN PAJAR


Cuando santa Teresa, después de fundar las Carmelitas Descalzas, decide fundar la misma Orden para varones, lo primero que hace es buscar dos personas a su gusto. La una era un fraile elegante y comprometido, y la otra un altísimo místico y poeta. “Yo la vi,- cuenta Julian Dávila-, a la santa Madre andar a buscar, en el mayor cuidado que se puede decir, solas dos personas, que fuesen sujetos tales cuales eran menester para empezar obra tan perfecta y santa y de tanta dificultad”.

Luego buscó una casa, que sirviera de convento, en el que sembrar la semilla de una institución llamada a extenderse por todo el mundo y a perpetuidad. Según nuestros cálculos humanos, adivinamos que buscaría un monasterio levantado a semejanza del de Santo Tomás en Ávila, o el de Santa Ana, con sus grandes claustros góticos e iglesias abovedadas con retablos, como los que acaba de pintar Pedro Berruguete, el pintor de los Reyes Católicos. Eso era lo que correspondía a juicio de la gente.

Pero,nó. Eso no le iba a nuestra Fundadora. Cuando le dijo a sus amigos que ya había encontrado una casa para tal fin, que le había ofrecido el abulense don Rafael en una dehesa llamada Duruelo, quiso verla y se hizo acompañar de su amigo Julián de Ávila ( o Dávila). Y este testigo nos dice lo que vió: “Como la Madre estaba tan deseosa de tener a donde hacer principio, aceptola de buena gana y procuró luego de ir a verla. Y yo la llevé al dicho lugar de Duruelo. Y vimos la casa, que más era pajar que casa para morar, porque estaba de suerte que, esa noche en que tuvimos que estar allí, nos tuvimos que ir a recoger a la iglesia ( del poblado, que tenía cinco o seis vecinos), y nos echamos a dormir por aquellos poyos. Y, al otro día, se trabajó en limpiar la casa, que había bien menester. Y dando la Madre la traza en ella para el monasterio, procuró enviar a los dos frailes lo más presto que ella pudo. Ellos fueron y profesaron la guarda de la primitiva regla de los padres antiguos. Y guardábanla también que todos los lugares comarcanos se movían a gran devoción…, y venían muchos labradores de aquella comarca, y les traían en bastimento corporal, y ellos llevaban el espiritual, y se volvían loando a Dios por haberles traído allí aquellos siervos de Dios”.

Al tal conventico empezaron a acudir gente muy religiosa y docta, y a profesar en él. Salieron buenos predicadores que platicaban sermones por los pueblos de los alrededores. Cundió la devoción, hasta el punto que, años después volvió a acudir Julian Dávila con su amigo Gonzalo de Aranda, a pie desde Ávila “ en romería, porque convidaba tanto a devoción esta primera casita, que nos estuvimos no sé que días, que parecía estábamos en el paraíso. Y así creo les parecía a todos cuantos allá iban”, según testimonio de Julián Dávila.


Al día de hoy, en ese lugarcillo de Duruelo, sigue habiendo tres o cuatro casas de labradores, pero en lugar del convento de frailes hay uno de Carmelitas Descalzas y una Casa de Espiritualidad, con capacidad para unas veinte personas en régimen de internado, para tandas de Ejercicios Espirituales o retiros en oración y soledad.

¿Quieren saber, mis amables visitadores, lo que han llegado a ser, al día de hoy, los vetustos, majestuosos y grandiosos edificios de Santo Tomás y el de Santa Ana ? Pues del primero, solo una décima parte sigue sirviendo de iglesia, hoy parroquia muy floreciente, y convento de religiosos dominicos; el de santa Ana, hoy es la sede de na institución civil.


De pronto uno se vuelve a la casa pajar de Duruelo, y ve allí barriendo a Madre Teresa, ante el pasmo de su amigo Juan Dávila, y se pregunta: ¿Pero fue aquí donde fundaste la gloriosa y refulgente Orden de Carmelitas Descalzos hoy, cuatro siglos después, en el XXI, extendida por el mundo entero ? No quiero que me contestes, Madre Teresa, me basta con mirarte, para que todos mis cálculos queden petrificados. Tiemblo ante la decisión que has tomado.¡ Aquí ! ¿ En esta casa pajar vas a fundar una sagrada Orden? Un sacrosanto silencio me transporta a otro mundo diferente. ¡ Increible, madre Teresa, eres increible !

martes, 3 de noviembre de 2009

TOMA DE HÁBITO DE TERESA DE AHUMADA

Hoy ,3 de noviembre, celebramos en el Monasterio de la Encarnación la Toma de Hábito de Santa Teresa. Tal día como hoy, 3 de noviembre del año de 1536, Doña Teresa de Ahumada, la hija de Don Alonso de Cepeda, vistió el blanco hábito de carmelita y el velo de novicia. Justamente al año y un día de haber ingresado.

No fue un cumplido lo que hizo aquel día. Fue mucho más. Fue como una revelación de Dios: “ En tomando el hábito, luego me dio el Señor a entender cómo favorece a los que se hacen fuerza para servirle”. Descubrió que hacerse fuerza para servir al Señor, no era un esfuerzo inútil. Dios lo recompensa con favores inefables. Esa fue una experiencia de vida, que terminó aflorando a cada paso:¡Hacerse fuerza!

Tenían que pasar muchos años hasta que pudo demostrarse que aquella novicia tenía
suficiente fuerza para crear, desde su celda de la Encarnación de Ávila, un gran imperio de monjas descalzas, capitaneadas por ella.

Tal día como hoy, la priora puso un velo blanco sobre la cabeza de Doña Teresa de Ahumada. A través del transparente velo de novicia va a ir descubriendo el nuevo mundo monacal……

Nuestra novicia no salía de su asombro al ver pasar a su lado largas filas de monjas, dándole sus respetos y ofreciéndosele su compañía. Monjas vestidas de largas capas, sonrientes y encantadoras. Todo le resultaba novedoso, diferente. Su vida había cambiado por completo.
“Es verdad que andaba algunas veces barriendo en horas que yo solía ocupar en mi regalo y gala, y acordándoseme que estaba libre de aquello, me daba un nuevo gozo, que yo me espantaba y no podía entender por dónde venía”.

Enseguida empezó a sentir el gozo íntimo de tratar con Dios en la oración y haciendo penitencia. Sus conversaciones con la Maestra de Novicias, la meditación de la palabra de Dios y el canto coral la llenaban la mayor parte de las horas del día.

Cuando se asomó por primera vez al coro alto, y conoció a nuestra Señora de la Clemencia, quedó prendida de su belleza y amor maternal.

Todo tenía que mirarlo a través del velo blanco que cubría su rostro. Todo y a todos: monjas, parientes, amigas. Los atardeceres, las auroras, el ritmo de las horas, el trabajo. Cubierta bajo el velo, el corazón la decía que sus ojos estaban velados, para que pudiera mirar mejor hacia dentro de sí misma; que el velo significaba el compromiso de querer ver el rostro de Dios, que también le estaba oculto por el velo de la fe.

Cuando se acuerda de aquel día en que tomó el hábito, le entra una fuerza, “que no hay cosa que delante se me pusiese, por grave que fuese, que dudase de acometerla”. Tenemos que preguntarnos que clase de pasión se despertó en nuestra novicia ese día, que no pudo satisfacerla más que dándose por completo al soberano Señor del cielo y de la tierra, de quien se enamoró por completo ese mismo día. ¿Qué había visto Dios en ella? ¿Qué había visto ella en Dios?
Cuando se apagó la voz y en ruido de la fiesta del hábito, se miró al espejo y se vió, por primera vez, tocada con su velo blanco. Se encontró magnífica. Ya , en la oscuridad, la novicia pensó que había hecho una inmensa locura. Sin esperarlo, se vió sola, sin sentir el calor ni el frío de la calle, ni la caricia de su padre y hermanos , al echarse en la cama.

Pero, al fin, se sintió hondamente feliz. ¡A la hora, me dio un tan gran contento de tener aquel estado, que nunca jamás me faltó!

Esta tarde a las seis, las monjas traerán al coro, en andas, una imagen de la santa novicia. Hay procesión, Misa y plática .También padrino y madrina de la ceremonia. Todo como si volviera a entrar la joven Teresa , en persona. Estais invitados al acto.

lunes, 2 de noviembre de 2009

TERESA DE AHUMADA SE METE MONJA


El dos de noviembre de 1535, la joven Teresa de Ahumada, mientras amanecía en Ávila, sin hacer ruido y, a oscuras, para que nadie la viese, salió de su casa, en compañía de su hermano Juan, camino del Monasterio de la Encarnación. Llamó al portón grande del convento, y entró. Venía a ser monja. La escuchamos a ella:

“En estos días, que andaba con estas determinaciones, había persuadido a un hermano mío a que se metiese fraile, diciéndole la vanidad del mundo. Y concertamos entrambos de irnos un día muy de mañana al monasterio adonde estaba aquella mi amiga, que era al que yo tenía mucha afición, puesto que ya en esta postrera determinación ya yo estaba de suerte, que a cualquiera que pensara servir más a Dios o mi padre quisiera, fuera; que más miraba ya el remedio de mi alma, que del descanso ningún caso hacía de él”.

“Acuérdaseme, a todo mi parecer y con verdad, que cuando salí de casa de mi padre no creo será más el sentimiento cuando me muera . Porque me parece cada hueso se me apartaba por sí, que, como no había amor de Dios que quitase el amor del padre y parientes, era todo haciéndome una fuerza tan grande que, si el Señor no me ayudara, no bastaran mis consideraciones para ir adelante. Aquí me dio ánimo contra mí, de manera que lo puse por obra”.

Para compartir la responsabilidad y el miedo, convenció a uno de sus hermanos a que la acompañase.

-Hermano, nuestro señor padre sabe que quiero ser monja. Tengo concertada la admisión en el Monasterio de Nuestra Señora de la Encarnación,a donde está aquella mi amiga,a la que tengo mucha afición. Pero nuestro padre nos quiere tanto, que en ninguna manera puedo acabar con él que me deje entrar mientras viva. Yo temo que, por mi flaqueza, pueda un día volverme atrás. Por eso lo voy a hacer inmediatamente. Las monjas están dispuestas a abrirme las puertas mañana mismo.

Y aquella tarde, tarde de Todos los Santos, planearon juntos –su hermano y ella- otra fuga de casa, para el día siguiente, día de Ánimas. La más dolorosa y definitiva fuga.

Haciéndose una fuerza incontenible, como si cada hueso se le apartara de sí, salió de casa muy de mañana, subio por la calle de Las Tres tazas, salió de las murallas por la puerta del Carmen, atravesó el barrio de Ajates, y llamó a la puerta del convento.

Tenía veinte años. Era el 2 de noviembre de 1535. Dia de los difuntos. Una fecha escogida a propósito, como si el pensamiento de la muerte le hubiese dado el último empujón, como si buscase el premio de la muerte. La primera fuga fue para ir a tierra de moros, también la hizo buscando la muerte del martirio, para ganarse el cielo. La motivación de la radicalidad de la muerte la llevó también este dia al convento, como llevó al Duque de Gandía a otro cambio de vida semejante al de Teresa.

Nunca se arrepintió de haberse metido monja. A los ventiocho años de llevar el hábito, escribió : "Yo nunca supe qué era descontento de ser monja, ni un momento en ventiocho años, y más que ha que lo soy".

Al salir el sol, aquel dos de noviembre, Teresa estaba ya dentro de otra ciudad, también cercada de un alto muro circular. Entre amigas de siempre, las señoras de la casa de los Águila, de los Bracamonte, de los Dávila , de los Suárez. En la ciudad de las Carmelitas. Frente por frente a la ciudad de los caballeros.

Encontró aquí su casa ideal. Su casa grande y deleitosa, como ella la llamaba.


Mañana, día tres, celebraremos otro aniversario. Hasta mañana, si Dios quiere.