lunes, 5 de noviembre de 2012






DOMINGGO 32 DEL TIEMPO ORDINARIO. 11 de nov.
LO MEJOR DE LA IGLESIA

            El contraste entre las dos escenas no puede ser más fuerte. En la primera, Jesús pone a la gente en guardia frente a los dirigentes : "¡Cuidado con los letrados!", su comportamiento puede hacer mucho daño. En la segunda, llama a sus discípulos para que tomen nota del gesto de una viuda pobre: la gente sencilla les podrá enseñar a vivir el Evangelio.
         Es sorprendente el lenguaje duro y certero que emplea Jesús para desenmascarar la falsa religiosidad de los escribas. No puede soportar su vanidad y su afán de ostentación. Buscan vestir de modo especial y ser saludados con reverencia para sobresalir sobre los demás, imponerse y dominar.
         La religión les sirve para alimentar fatuidad. Hacen "largos rezos" para impresionar. No crean comunidad, pues se colocan por encima de todos. En el fondo, solo piensan en sí mismos. Viven aprovechándose de las personas débiles a las que deberían servir.
         San Marcos no recoge las palabras de Jesús para condenar a los escribas que había en el Templo de Jerusalén antes de su destrucción, sino para poner en guardia a las comunidades cristianas para las que escribe. Los dirigentes religiosos han de ser servidores de la comunidad. Nada más. Si lo olvidan, son un peligro para todos. Hay que reaccionar para que no hagan daño.
         En la segunda escena, Jesús está sentado enfrente del arca de las ofrendas. Muchos ricos van echando cantidades importantes: son los que sostienen el Templo. De pronto se acerca una mujer. Jesús observa que echa dos moneditas de cobre. Es una viuda pobre, maltratada por la vida, sola y sin recursos. Probablemente vive mendigando junto al Templo.
            Conmovido, Jesús llama rápidamente a sus discípulos. No han de olvidar el gesto de esta mujer, pues, aunque está pasando necesidad, "ha echado todo lo que tenía para vivir". Mientras los letrados viven aprovechándose de la religión, esta mujer se desprende de todo por los demás, confiando totalmente en Dios.
            Su gesto nos descubre el corazón de la verdadera religión: confianza grande en Dios, gratuidad sorprendente, generosidad y amor solidario, sencillez y verdad. No conocemos el nombre de esta mujer ni su rostro. Solo sabemos que Jesús vio en ella un modelo para los apóstoles y sus sucesores en su Iglesia.
            También hoy debemos fijarnos en tantas mujeres y hombres de fe sencilla y corazón generoso, gente anónima, de la que tenemos mucho que aprender.

viernes, 2 de noviembre de 2012




                         HACED DE LA NECESIDAD VIRTUD

Santa Teresa sale al paso de los que le dicen a Dios con la boca chica “hágase tu voluntad”, por temor a que Dios se lo tome en serio, y le envíe trabajos o sufrimientos. En el borrador Teresa escribía:” yo he topado a algunas personas tan pusilánimes, que no tienen corazón para entregar a Dios su voluntad por miedo a las consecuencias. O es que lo dicen por decir lo que todos, más no para hacerlo".

Son los dos escollos de siempre: decir ese “hágase” entre el miedo y la superficialidad.En ese caso, “no lo digamos”, prefiere la Santa. A ella misma, sin duda, le ha costado superar esos dos escollos. Pero, por fin, llegó el momento en que de verdad pudo decir a Cristo, o al Padre, como san Pablo “ qué queréis, Señor, que haga”. Y lo glosó en uno de sus poemas más hermosos. “ Vuestra soy, para Vos nací: ¿qué quereis, Señor, de mí?”.

Para vencer el miedo o la superficialidad, Teresa nos dice rotundamente: la voluntad de Dios se ha de cumplir siempre, lo queramos o no lo queramos. Por consiguiente, hagamos de la necesidad virtud. La escuchamos:

Yo  pienso esto, gusto de las personas que no osan pedir trabajos al Señor, que piensan está  en esto el dárselos luego. No hablo en los que lo dejan por humildad, pareciéndoles no serán para sufrirlos; aunque tengo para mí que quien les  da amor para pedir ese medio tan áspero para mostrarle, le dará para sufrirlos.

Querría preguntar a los que por temor no los piden de que luego se los han de dar, lo que dicen cuando suplican al Señor cumpla su voluntad en ellos, o es que lo dicen por decir lo que todos, mas no para hacerlo. Esto,hermanas, no sería bien. Mirad que parece aquí el buen Jesús nuestro embajador, y que ha querido intervenir entre nosotros y su Padre, y no a poca costa suya; y no sería razón que lo que ofrece por nosotros dejásemos de hacerlo verdad, o no lo digamos.

Ahora quiérolo llevar por otra vía. Mirad, hijas, ello se ha de cumplir, que queramos o no, y se ha de hacer su voluntad en el cielo y en la tierra; creedme, tomad ni parecer y haced de la necesidad virtud (CP 32, 3-4).

martes, 30 de octubre de 2012









HÁGASE TU VOLUNTAD EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO

Santa Teresa dedica el capítulo 32 de Camino a glosar esta petición del Padre Nuestro.Para ella decirle a Dios “hágase tu voluntad” no es una oración cualquiera. Es una palabra que marca uno de los hitos cimeros de la oración cristiana. Equivale a  darle a Dios carta blanca para que programe y realice mi vida.

Para Teresa, cuando uno reza el Padre Nuestro lo hace en comunión con el Maestro que nos la enseñó. Jesús se solidariza con el orante. Cuando el orante hace el don de sí en la oferta de su voluntad, Jesús está de por medio, se la ofrece por nosotros al Padre, hace de embajador nuestro, suple y robustece nuestras cobardías y deficiencias. Ha sido Jesús quien previamente ha pedido el “reino” para nosotros, porque sin recibir antes  su reino, seríamos incapaces de pedir que se haga su voluntad. El ofrece también nuestra voluntad cuando nosotros la ofrecemos. La escuchamos:

Ahora que nuestro Maestro nos ha pedido y enseñado a pedir cosa de tanto valor, que encierra en sí todas las cosas que acá podemos desear, y nos ha hecho tan gran merced como hacernos hermanos suyos, veamos qué quiere que demos a su Padre, y le ofrece por nosotros, y qué es lo que nos pide. ¡Oh buen Jesús! Que tampoco dais poco de nuestra parte (como pedís para nosotros); dejado que ello en sí es nonada para  adonde tanto se debe y para tan gran Señor; mas, cierto, Señor mio, que no nos dejais con nada y que damos todo lo que podemos si lo damos como lo decimos.

“Sea hecha tu voluntad; y como sea hecha en el cielo, así se haga en la tierra”. Bien hicisteis, nuestro buen Maestro, de pedir la petición pasada, para que podamos cumplir lo que dais por nosotros; porque, cierto, Señor, si así no fuera, imposible me parece.  Mas haciendo vuestro Padre lo que vos le pedís de darnos acá su reino, yo sé que os sacaremos verdaderamente en dar lo que dais por nosotros; porque hecha la tierra cielo, será posible hacerse en mí vuestra voluntad (CP 32, 1-2)