sábado, 29 de septiembre de 2012


COMO QUIEN SE ENTRA EN UN CASTILLO FUERTE PARA NO TEMER LOS CONTRARIOS

Madre Teresa expresa que el alma se recoge en su interior valiéndose de la imagen del castillo o palacio: “Hagamos cuenta que dentro de nosotros está un palacio de grandísima riqueza”. Y desde su experiencia se propone despertar la conciencia del orante- También él debe realizarse en su interior, entenderlo y experimentarlo.

Pero el “palacio” no es fin para sí mismo, es morada para alguien. Si el palacio está vacio, es como estar huecas por dentro. “En este palacio está un gran rey”. Mi interioridad tiene una dimensión religiosa: está hecha para ser capacidad de Dios. Morada de Dios.

Dios habita en el palacio interior del alma para la comunión de las personas.  Y Dios en persona es el que toma la iniciativa, hinche el palacio, lo dilata, lo ensancha poco  a poco y trae consigo la libertad. El se da a conocer de muchas maneras, enriqueciendo la experiencia interior del orante. Para que él inunde con su presencia todo el palacio, “hay que dárselo por suyo con toda determinación”, para que pueda poner y quitar como en cosa propia, pues “El no se da a sí del todo, hasta que nos damos del todo”. La escuchamos:

Tratad con él como con padre y como con hermano y como con Señor y como con esposo; a veces de una manera,  a veces de otra, que él os enseñará lo que habéis de hacer para contentarle. Dejaos de ser bobas; pedidle la palabra, que vuestro Esposo es, que os trate como a tal.

Llámase recogimiento, porque recoge el alma todas las potencias y se entra dentro de sí con su Dios…, como quien se entra en un castillo fuerte para no temer los contrarios. Así quien va por este camino, casi siempre que reza tiene cerrados los ojos, y es admirable costumbre para muchas cosas, porque es un hacerse fuerza a no mirar las de acá.

Pues hagamos cuenta que dentro de nosotras está un palacio de grandísima riqueza, todo su edificio de oro y piedras preciosas, en fin, como para tal Señor; y que sois vos parte para que este edificio sea tal, como a la verdad es así (que no hay edificio de tanta hermosura como un alma limpia y llena de virtudes, y mientras mayores, más resplandecen las piedras, y que en este palacio está este gran Rey, que ha tenido por bien ser vuestro Padre, y que está en un trono de grandísimo precio, que es vuestro corazón. Esto es menester  para que entendamos con verdad que hay otra cosa más preciosa, sin ninguna comparación, dentro de nosotras que lo que vemos por de  fuera. No nos imaginemos huecas en lo interior (CP 28, 6-10).

jueves, 27 de septiembre de 2012








 
DOMINGO 26 B DEL TIEMPO ORDINARIO. 30 SEP. 2012
         La escena  que describe el Evangelio de hoy es sorprendente. Los discípulos se acercan a Jesús con un problema. Esta vez, el portador del grupo no es Pedro, sino Juan, uno de los dos hermanos que andan buscando los primeros puestos. Ahora pretende que este grupo de discípulos tenga la exclusiva de Jesús y el monopolio de su acción liberadora. 
            Vienen preocupados. Un exorcista, no integrado en su grupo, está echando demonios en nombre de Jesús. Los discípulos no se alegran de que la gente quede curada y pueda iniciar una vida más humana. Solo piensan en el prestigio de su propio grupo. Por eso, han tratado de cortar de raíz su actuación. Esta es su única razón: "no es de los nuestros".
            Los discípulos dan por supuesto que, para actuar en nombre de Jesús y con su fuerza curadora, es necesario ser miembro de su grupo. Nadie puede apelar a Jesús y trabajar por un mundo más humano, sin formar parte de los bautizados en la Iglesia católica ¿Qué piensa Jesús?
         Sus primeras palabras son rotundas: "No se lo impidáis". El Nombre de Jesús y su fuerza humanizadora son más importantes que el pequeño grupo de sus discípulos. Es bueno que la salvación que trae Jesús se extienda a todos los que trabajen para ayudar a las gentes a vivir de manera más humana.
         Jesús rompe toda tentación sectaria en sus seguidores. No ha constituido su grupo para controlar su salvación mesiánica.  la Iglesia ha de apoyar a todo el  que invoque el Nombre de Dios allí donde es invocado para hacer el bien.
          Jesús continúa diciéndoles: "El que no está contra nosotros está a favor nuestro".
         En la sociedad moderna hay muchos hombres y mujeres que trabajan por un mundo más justo y humano  dentro y fuera de la Iglesia. Así lo ha reconocido y proclamado Benedicto XVI en su reciente viaje al Líbano:”Pido a Dios por el Líbano para que siga permitiendo la pluralidad de las tradiciones religiosas, sin dejarse llevar por la voz de aquellos que se lo quieran impedir. Le deseo que fortalezca la comunión entre todos sus habitantes, cualquiera que sea su comunidad o su religión, rechazando resueltamente todo lo que pueda llevar a la desunión y optando con determinación por la fraternidad.Gracias de corazón a las venerables iglesias hermanas, y a  las comunidades protestantes. Gracias en particular a los representantes de las comunidades ,musulmanas. El mundo árabe y el mundo entero habrán visto, en estos momentos de turbación, a los cristianos y a lo musulmanes  reunidos para celebrar la paz…Doy gracias a Dios por la oración de todos por todos los libaneses y el Medio Oriente, cualquiera que sea el origen o la confesion religiosa de cada uno”.