domingo, 27 de febrero de 2011

ES GRAN COSA, MIENTRAS VIVIMOS Y SOMOS HUMANOS, TRAERLE A DIOS HUMANO




El encuentro de Dios con Teresa se realiza a manera del encuentro entre dos personas. Aquí tenemos que notar que Dios se encuentra con Teresa encarnado en un hombre, llamado Jesucristo. Esa realidad de encuentro entre hombre y mujer confiere a las relaciones mutuas un proceso vivencial de tú a Tu, de sorprendentes novedades.

Teresa se siente interpelada por el Otro de tal modo que se produce en ella una mutación afectiva y emocional muy profunda. No se ve, sin el Otro. El Otro la determina. Pero ella, a su vez, proclama su libertad, aún diciendo que le ha entregado su voluntad y libertad al Otro. Con toda certeza el Otro, Jesucristo, es todo para Teresa. Y Teresa desea ser todo para Jesucristo, aunque con dudas e incertidumbres, que la enardecen, por verse tan miserable y ruín.

Teresa sostiene, contra algunos directores espirituales de su tiempo, que para ir a Dios no debe apartarse el alma de lo corporeo. Digan lo que digan, ella, que ha experimentado ya a Dios en muy subidos vuelos del espíritu, asegura: " Lo que yo querría dar a entender es que, no ha de entrar en esta cuenta la sacratísima Humanidad de Cristo".

Por más que nosotros , de maña y con cuidado, nos acostumbremos a no procurar con todas nuestras fuerzas, traer delante siempre esta sacratísima Humanidad, esto digo que no me parece bien, y que es andar el alma en el aire,como dicen; porque parece que no trae arrimo, por mucho que le parezca que anda llena de Dios. Es gran cosa, mientras vivimos y somos humanos, traerle humano.

Los que piensan lo contrario, su primer inconveniente es un poco falta de humildad, de quererse levantar el alma hasta que el Señor la levante y no contentarse con meditar cosa tan preciosa, y querer ser María antes que haya trabajado con Marta, Esta motita de poca humildad, aunque parezca que es nada, para querer aprovechar en la contemplación, hace mucho daño.

Lo segundo, nosotros no somos ángeles, sino tenemos cuerpo. Querernos hacer ángeles, estando en la tierra, es desatino...Sobre todo, andando en negocios y persecuciones y trabajos, cuando no se puede tener tanta quietud, y en tiempo de sequedades, es muy buen amigo Cristo, porque le miramos Hombre, y le vemos con flaquezas y trabajos, y es compañía.

Mucho contenta a Dios ver un alma que con humildad pone, por tercero, a su Hijo. Esto he probado. De este arte ha llevado Dios mi alma.
Imitemos a santa Teresa, saliendo al encuentro con Jesucristo, Dios en persona y hombre a la vez, desde la fe y amor. Con mi afecto, Nicolás González

viernes, 25 de febrero de 2011

MI JUEZ ES EL SEÑOR. Domingo, 27 febrero


DOMINGO A- VIII


La Palabra de Dios que hemos escuchado en el evangelio, la podíamos concentrar en esta frase : ” Buscad, sobre todo, el reino de Dios y su justicia”. La primacía de Dios es lo primero en la vida. La justicia de Dios está por encima de la justicia de los hombres.


San Pablo, en la segunda lectura, nos insta a escuchar la voz de la conciencia, y dice que la conciencia no le remuerde, pero ,no por eso, se ve absuelto de culpa. Y añade: “Mi juez es el Señor”. Mirar cada uno a su conciencia personal, nos hace caer en la cuenta de la dimensión subjetiva de la existencia, lo que , por un lado es bueno, pues permite poner al hombre y a su dignidad en el centro de la consideración, tanto del pensamiento como de las acciones. Pero nunca se debe olvidar que la dignidad más profunda del hombre reside en verse bajo la mirada amorosa de Dios, en la referencia a El. Verse bajo la mirada de Dios, Señor de la historia, y creador del cosmos. A Dios le deben los lirios su color, y la hierba su verdor y los pájaros su alimento, que ni siembran, ni siegan, ni almacenan. ¿No valeis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, puede añadir una hora al tiempo de su vida?



Estamos en las manos de Dios. Nuestra conciencia no es autónoma respecto del bien o del mal. Estemos alerta, porque en el pensamiento moderno se ha ido afirmando una visión reduccionista de la conciencia, según la cual no hay referencias objetivas que determinen lo que vale y lo que es verdad, sino que cada individuo, con sus intuiciones, y sus experiencias, es criterio de medición: según esa teoría, cada uno posee su propia verdad, su propio juicio de valoración de lo que es bueno y lo que es malo, Y así la sociedad se está volviendo caótica, y vaga como descentrada, de tumbo en tumbo, sin puntos de referencia, abocada irremediablemente al fracaso.



Para nosotros los cristianos, siguiendo las enseñanzas de Jesús, el significado verdadero de la conciencia es la capacidad del hombre de reconocer la verdad, de percibir su llamada, de buscarla y encontrarla. Es preciso que el hombre sepa abrirse a la verdad y al bien para poder acogerlos de manera libre y consciente. La persona humana es expresión de un designio de amor y de verdad: Dios ha diseñado a cada individuo con su interioridad, con su conciencia, para que pueda hallar en ésta las orientaciones necesarias para conservarse y cultivarse a sí mismo y para conservar y cultivar el desarrollo de la sociedad humana. La verdad y el amor nos han sido dados por Dios, con su valoración objetiva de lo que es bueno y lo que es malo, válido para todos y en todas partes, según las palabras de nuestro Santo padre el Papa.



Los nuevos desafios, que asoman por el horizonte, exigen que Dios y el hombre vuelvan a encontrarse, como nos ha recordado también el Papa Benedicto XVI recientemente: “ que la sociedad y las instituciones públicas recuperen su alma, sus raices espirituales y morales, para dar nueva consistencia a los valores éticos y jurídicos de referencia, y los apliquen en la práctica. Por eso la fe cristiana y la Iglesia no cesan jamás de aportar su contribución al fomento del bien común y de un progreso auténticamente humano, según la ley de Dios. Ante esta tentación de relativismo, los cristianos tenemos la responsabilidad de tomar una nueva resolución de practicar la fe y de hacer el bien, para permanecer con valentía arraigados y cimentados en Cristo.
La liturgia nos invita a escuchar y meditar la Palabra de Dios, para encontrar en ella la fuente y el criterio la fuente y el criterio de inspiración para obrar.
Juntos en la oración, os saluda vuestro amigo Nicolás González



miércoles, 23 de febrero de 2011

JESUCRISTO, EL AMIGO VERDADERO QUE NUNCA FALLA




La imagen que santa Teresa tiene de Jesucristo, le vino de la fe que confesamos en el Credo: "El único Hijo de Dios, concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nacido de María Virgen, que padeció, fue crucificado,muerto y sepultado, y que resucitó".

Pero ese Cristo, enunciado en el Credo, es para santa Teresa vida de su vida. Alguién que le ha entrado en su existencia de tal modo que ha conformado vitalmente su personalidad. Dice que lleva la imagen de Jesús "esculpida" en su alma. Jesucristo Hombre es el hombre de Teresa, al que ama, al que sirve, por el que trabaja y lucha, con el que sufre y se goza.

La fe cristológica en Teresa es , más que fe, una experiencia, que ella tiene de Jesucristo. Una experiencia totalizante, que le impregna todo su ser como persona y como mujer. La escuchamos:

En veros, Señor, cabe mí, he visto todos los bienes. No me ha venido trabajo que, mirándoos a Vos cual estuviste delante de los jueces, no se me haga bueno de sufrir. Con tan buen amigo presente, con tan bien capitán, que se puso el primero en el padecer, todo se puede sufrir. Es ayuda y da esfuerzo; nunca falta ; es amigo verdadero.
Y veo yo claro (y he visto después) que, para contentar a Dios y que nos haga grandes mercedes, quiere que sea por manos de esta Humanidad sacratísima, en quien dijo Su Majestad se deleita. Muy muchas veces, lo he visto por experiencia; me lo ha dicho el Señor. He visto claro que por esta puerta hemos de entrar, si queremos nos muestre la soberana Majestad grandes secretos.
Este Señor nustro es por quien nos vienen todos los bienes. Mirando su vida, es el mejor dechado. ¿Qué más queremos que un tan buen amigo al lado, que no nos dejará en los trabajos y tribulaciones, como hacen los del mundo? ¡Bienaventurado quien le amare de verdad y siempre le trajere cabe sí! (V.22,6-7).
Que también en nosotros, amigos del BLOG, se afiance tanto la fe y el amor a Jesucisto, que se plasme en una experiencia imborrable, como en Teresa de Jesús. Con un cordial saludo, Nicolás González